Admito que a veces me faltan huevos.
Para echarte de menos.
Para quererte.
Para quererme.
Que nunca supe hacer de tripas corazón,
que siempre fui de hacer del corazón tripas.
Nunca tuve cojones de decirte que te quería,
incluso cuando te tenía
entre mis brazos.
Soy un desastre
pero joder;
entiéndeme,
quiéreme,
repárame.
Recuerdo las noches suicidándome desde tus ojos a tu boca,
y de boca a tu ombligo,
y de tu ombligo a tus pies;
me sabía el camino de memoria.
Nunca tuve cojones de cambiar de dirección,
esclavo de las leyes y normas
acabé preso en esta cárcel, que es mi corazón,
marchitado y azotado por la soledad.
Soledad indiferente causada por tu marcha
repentina una mañana de Mayo.
Aún escucho el murmullo de los vecinos,
y tus quejidos,
y mis quejidos,
y tus gemidos,
y mis gemidos.
Me llamabas cielo.
Y yo te llamaba fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario